• El árbol de la memoria

Nesting: Porque quedarse en casa no es aburrido

El nesting o anidar, en español, es un concepto que nace hace un par de años y hace referencia a elegir estar en casa, antes que cualquier panorama fuera de ella. Recuerdo que, cuando trabajaba en oficina, uno de los temas recurrentes de día lunes era conocer cuáles habían sido los panoramas de fin de semana. Salidas a bailar, obras de teatro o visitas al nuevo restaurant de la ciudad. Todos panoramas interesantes que demostraban que tu fin de semana había estado entretenido y que valía la pena contar cada detalle llegado el día lunes. Por el contrario, si te quedabas en casa, debías admitir de manera casi culposa que no habías hecho nada, que sólo habías estado en casa descansando.



No deja de ser curioso que, si un fin de semana te la pasaste en pijama o simplemente haciendo nada, sea tan mal visto a ojos del resto. Es como si, socialmente, el estar en casa cuando tienes la opción de salir, tuviese una connotación extremadamente negativa. La gente tiende a pensar que, si no sales, eres el aburrido del grupo, falto de vitalidad o, incluso, depresivo. Se maneja la idea de que, para estar a gusto o para pasarlo bien, hay que estar constantemente haciendo algo y, si es fuera de casa, mucho mejor. Todos alguna vez en nuestra vida nos hemos visto arrastrados por esa lógica y hemos terminado en lugares en los que no queríamos estar, sólo por el hecho de estar haciendo algo.


Es como si la proactividad, que hoy tanto gusta a las empresas y que, obvio, debe ser tu fortaleza en cualquier entrevista de trabajo, comenzara a sobrepasar los límites de lo laboral y a agotar, también, tu vida personal. Es más, somos tan injustos con nosotros mismos que, a pesar de vivir con una carga de estrés tan alta en nuestro día a día, nos exigimos pensar qué vamos a hacer el fin de semana, dónde vamos a ir, a qué lugar iremos a comer. Nos han inundado la cabeza con que la felicidad está en el hacer y que es importantísimo mantenernos ocupados. Pero nadie nunca nos recuerda que, a veces, necesitamos de las pausas. Y es precisamente en las pausas cuando tenemos esa tranquilidad para pensar qué queremos o necesitamos.

Creo que no hay nada más agradable que pasar tu fin de semana en el lugar al que llamas hogar. Y cómo no creerlo si la invitación es simple: quédate en casa, descansa tu cuerpo y desecha toda la ansiedad de la semana. Y, si tal vez no eres de aquellos a los que les viene bien un descanso (aunque eso suene extremadamente raro), quedarse en casa funciona como el escenario perfecto para encontrarnos con nosotros mismos y dedicarnos algo de tiempo: ver esa película que tenías pendiente hace meses, leer el libro que te recomendaron o practicar aquella receta de cocina hasta que por fin resulte. Todas actividades ideales para comenzar a disfrutar tu tiempo. Volver a casa nos conecta con nuestra esencia, con lo que realmente somos. Y eso es algo que jamás deberíamos dejar de hacer.



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